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EDUCACIÓN Y CULTURA: RUMBO A 2041
Teatro, cuentacuentos, danza, ópera y cine frente a una generación que crece rodeada de imágenes, inteligencia artificial y nuevas experiencias tecnológicas.
Los niños que hoy tienen entre 5 y 11 años tendrán entre 20 y 26 años en 2041. Habrán vivido buena parte de su infancia y juventud en una sociedad donde la inteligencia artificial, las pantallas, los entornos digitales y las tecnologías inmersivas ocupan un lugar cada vez más importante.
Sin embargo, muchas actividades culturales que ofrecemos actualmente en los colegios siguen utilizando formatos tradicionales.
Esto nos plantea una primera pregunta: ¿seguirán interesando a los niños de mañana las mismas experiencias culturales que ofrecemos hoy?
Una generación con nuevas referencias
Durante generaciones, las representaciones teatrales, los cuentacuentos, la danza, los conciertos y el cine han acercado la cultura a los escolares.
Su valor artístico y educativo es indiscutible. Pero las experiencias cotidianas de los niños han cambiado.
Hoy pueden interactuar con videojuegos, observar representaciones tridimensionales, conversar con asistentes digitales y acceder a contenidos audiovisuales que hace pocos años parecían ciencia ficción.
No significa que hayan perdido el interés por una buena historia o por una interpretación artística en directo. Significa que sus referencias y expectativas son diferentes de las que tenían otras generaciones.
¿Y si preguntamos a los propios alumnos?
En nuestra experiencia realizando actividades educativas en colegios hemos planteado una pregunta sencilla:
«¿Qué preferís: una representación teatral con dos actores o una película inmersiva en 3D con gafas especiales?»
En las ocasiones en que hemos realizado esta consulta, los alumnos han respondido de forma unánime: la película en 3D.
Naturalmente, esta observación no constituye un estudio científico ni demuestra que una actividad sea superior a otra. Puede influir la novedad, la espectacularidad de las imágenes o las experiencias anteriores de los escolares.
Sin embargo, es una respuesta que invita a reflexionar.
¿Escuchamos suficientemente las preferencias de los alumnos cuando diseñamos la programación cultural de los colegios?
¿Respondemos todos desde la misma perspectiva?
También existe una cuestión generacional.
Una persona adulta puede valorar el teatro recordando las experiencias de su infancia. Un adolescente puede sentirse especialmente atraído por una actividad interactiva o inmersiva.
Pero tampoco debemos suponer que todos los jóvenes prefieren la tecnología ni que todos los adultos valoran exclusivamente lo tradicional.
Las preferencias culturales dependen de múltiples factores: edad, experiencias, intereses, calidad de la actividad y contexto en que se disfruta.
Por eso, la pregunta merece formularse sin prejuicios:
Si pudiéramos elegir hoy, ¿preferiríamos una representación teatral convencional o una experiencia cinematográfica inmersiva en 3D? ¿Cambiaría nuestra respuesta si tuviéramos 10, 15 o 40 años?
Evolucionar no significa desaparecer
La historia demuestra que las manifestaciones culturales pueden transformarse sin perder su esencia.
El teatro puede incorporar escenografías digitales. Los cuentacuentos pueden enriquecerse con elementos audiovisuales. La danza puede combinar movimiento humano con proyecciones inmersivas.
Y el cine educativo puede permitir visualizar conceptos curriculares difíciles de representar mediante otros recursos.
La tecnología no tiene por qué sustituir al artista. Puede ampliar sus posibilidades de expresión.
La cuestión no es decidir qué actividad cultural debe sobrevivir y cuál desaparecer.
Se trata de comprender cómo está evolucionando el público al que nos dirigimos.
La primera gran pregunta
Durante los próximos quince años, las actividades culturales escolares podrían experimentar transformaciones importantes.
Pero antes de hablar de robots humanoides, inteligencia artificial o escenarios virtuales, deberíamos plantearnos algo más sencillo:
¿Estamos diseñando las actividades culturales pensando en los niños que fuimos o en los niños que tenemos hoy delante?
Porque escuchar a las nuevas generaciones podría ser el primer paso para comprender el futuro de la educación y de la cultura.
Próximo capítulo — 30 de octubre: ¿Existirá en 2041 el colegio tal como lo conocemos hoy?
Magic Wonderland, S.L. — 3D Educativo