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EDUCACIÓN Y CULTURA: RUMBO A 2041 - 1º Serie: 5 de 6
Inteligencia artificial, cine 3D, teatro y robots: las nuevas experiencias educativas
¿Cómo podrían transformarse las actividades culturales escolares mediante la combinación de inteligencia artificial, proyecciones tridimensionales, robótica y experiencias inmersivas?
Imaginemos una actividad sobre el sistema solar.
Los alumnos contemplan una representación tridimensional del espacio. Los planetas parecen flotar frente a ellos mientras una narración explica sus características.
Después de la experiencia, una inteligencia artificial adapta determinadas preguntas y ejercicios a los conocimientos de cada participante.
Otro grupo estudia el cuerpo humano mediante imágenes tridimensionales que muestran órganos y sistemas anatómicos.
Y en una representación teatral, los actores interactúan con personajes digitales integrados en el escenario.
¿Podría esta combinación transformar la manera de aprender y disfrutar de la cultura?
De observar una historia a experimentar sus contenidos
Durante siglos, muchas actividades culturales han seguido una estructura relativamente estable: unos artistas representan una obra y el público la contempla.
Las nuevas tecnologías permiten ampliar ese lenguaje.
En el teatro pueden incorporarse escenografías digitales, personajes virtuales y recursos visuales.
Los cuentacuentos pueden acompañarse de imágenes que representen situaciones y escenarios de la narración.
Las actividades musicales y de danza pueden utilizar proyecciones para enriquecer la puesta en escena.
El cine educativo en 3D estereoscópico permite presentar objetos y entornos con sensación de profundidad, facilitando determinadas representaciones visuales.
Estas posibilidades no significan que una actividad tecnológica sea automáticamente superior a otra tradicional.
Su valor depende de la calidad artística, los contenidos educativos y la adecuación al público.
La combinación de inteligencia artificial e imágenes tridimensionales
La inteligencia artificial puede ofrecer explicaciones adaptadas y generar actividades relacionadas con los conocimientos de los alumnos.
Por su parte, la tecnología 3D permite representar visualmente conceptos que pueden resultar abstractos.
La combinación de ambas podría abrir posibilidades interesantes.
Imaginemos una misma actividad educativa sobre el cuerpo humano para distintos cursos de Primaria.
Los escolares comparten una experiencia audiovisual inmersiva adaptada a su edad.
Posteriormente, cada alumno recibe preguntas y ejercicios adecuados a su nivel de comprensión.
Una IA educativa podría identificar conceptos que necesitan reforzarse y proporcionar explicaciones alternativas, siempre con supervisión y objetivos pedagógicos claros.
La experiencia visual sería compartida, mientras que parte del aprendizaje posterior podría individualizarse.
¿Y los robots humanoides?
La robótica humanoide continúa evolucionando.
Durante los próximos quince años podrían aparecer nuevas posibilidades para integrar robots diversos trabajos y en determinadas actividades culturales o demostraciones educativas.
Podrían representar personajes, participar en narraciones o desarrollar interacciones previamente diseñadas con los alumnos.
Sin embargo, no sabemos hasta qué punto su coste, autonomía, fiabilidad y seguridad permitirán una implantación generalizada en los colegios.
Tampoco debemos confundir capacidad tecnológica con calidad educativa.
Un robot que responde preguntas no garantiza por sí mismo que los estudiantes comprendan mejor una materia.
¿Desaparecerán las artes tradicionales?
Probablemente seguirán existiendo múltiples formas de expresión artística.
La presencia de actores, bailarines y músicos ofrece experiencias culturales que no se reducen a la transmisión de información.
Una representación teatral puede interesar por su interpretación, su cercanía y su capacidad para provocar una reflexión, una actividad cinematográfica inmersiva puede atraer por sus posibilidades audiovisuales. Ambas pueden resultar valiosas, aunque utilicen lenguajes diferentes.
La innovación no debería consistir en incorporar efectos tecnológicos indiscriminadamente, sino en identificar qué recursos enriquecen cada experiencia.
El valor del espectáculo compartido
Existe además una posibilidad especialmente interesante, si la inteligencia artificial permite individualizar progresivamente ciertos procesos académicos, las actividades culturales colectivas podrían adquirir una función complementaria.
Los alumnos podrán aprender algunos contenidos siguiendo ritmos distintos y, al mismo tiempo, reunirse para disfrutar de una experiencia común.
Un espectáculo, un concierto, una película o una representación teatral permiten compartir una misma historia desde perspectivas individuales.
Es una combinación que merece estudiarse.
Mirando hacia 2041
Todavía no conocemos cuáles serán las tecnologías predominantes dentro de quince años, pero podemos anticipar que los límites entre lo presencial, lo audiovisual y lo digital podrían continuar modificándose.
Lo importante será mantener una pregunta en el centro de cada innovación:
¿Qué aporta esta tecnología a la experiencia cultural y al aprendizaje de los alumnos?
Porque el futuro de las actividades escolares no debería depender exclusivamente de la espectacularidad de los dispositivos.
Debería depender de su capacidad para transmitir conocimientos, despertar interés y ofrecer experiencias valiosas.
Próximo capítulo — 13 de noviembre: Reflexión final. ¿Qué educación y qué cultura queremos para 2041?
Magic Wonderland, S.L.